¿Qué está pasando en el Everest?


El pasado Martes, más de 200 “alpinistas” llegaron a lo más alto, alcanzaron la montaña más alta del mundo, rompiendo el récord de ascensos en una jornada pero … ¿Es esto verdaderamente alpinismo?


El 29 de Mayo de 1953 el Everest fue coronado por primera vez en la historia por Edmund Hillary y Tenzing Norgay. Habían pasado 31 años desde el primer intento en 1922. Ambos fueron tratados como auténticos héroes, recibiendo multitud de premios y reconocimientos merecidos.


Las colas que se han producido esta semana para llegar a la cima del Everest no tienen nada que ver con el ALPINISMO. La montaña es sacrificio y esfuerzo, superación, alcanzar tus propios limites, sentirte vivo y agradecido por vivir.


Estamos convirtiendo subir al Everest en pagar 40.000 euros para que una expedición comercial nos lleve a la cima sin sudor, sin trabajo, sin sacrificio, llevando a Sherpas como “mulas de carga”. Una expedición comercial te asegura llegar a la cumbre si pagas, no pide aptitudes. No nos confundamos, el alpinismo requiere años de preparación y esfuerzo, no se hace con dinero y nadie lo puede hacer por ti.


Nos entristece ver a lo que nos está llevando esta cultura de la inmediatez en la que estamos atrapados.Distorsionamos nuestra percepción de la realidad, esperando conseguir todo lo que queremos en cuestión de minutos, o en el peor de los casos, en horas.


Hemos creado la Era de la inmediatez, somos impacientes y esto a la larga podría hacernos incluso incompetentes.


Preferimos que nos lo den hecho, sin sacrificio. Olvidamos lo gratificante que es alcanzar una meta tras el trabajo duro, después de sentirnos agotados, haber sentido que no podíamos más …


El futuro está en nuestras manos, las nuevas generaciones están creciendo a pasos agigantados. Estamos a tiempo de crear niños trabajadores, honrados, humildes, con capacidad de sacrificio. Miremos atrás, a nuestros antepasados, nuestros abuelos , recordemos por qué los admirábamos y devolvamos al mundo todo lo que ellos nos enseñaron.

Beatriz Vélez

El Día de la Madre en Nepal

Mucho ha llovido desde que la activista Anna Reeves consiguiera en 1907 que se declarara una fecha oficial para el Día de la Madre en Estados Unidos.

Un siglo más tarde la tradición se ha difundido entre países muy alejados entre sí …

En un día como hoy, Nepal también celebra el Día de la Madre, conocido como Mata Tirtha Aushi.

El día de la madre no está vinculado a una determinada religión en particular, es celebrado por muchas comunidades en todo el país.

Los habitantes de Kathmandú visitan Mata Tirtha, un lugar sagrado a 9 kilómetros, para realizar “Sraddha” a su madre fallecida.  

Este ritual tiene su origen en la historia de un niño huérfano que solía llevar a sus vacas a pastar cerca del estanque.  Un día, el niño se asomó al estanque y vió a su madre muerta en el estanque. 

El niño insistió y comenzó a pedirle que volviera a casa con él pero ella dijo que no era posible volver a casa una vez que alguien ha muerto.

Sin embargo, dijo que aparecería en el estanque cada año en Baishak Krishna Aushi (día sin luna).

Terai

El Yeti, cuestionando la existencia de la misteriosa criatura de Nepal

Llamado originariamente Yeh-teh, “eso de allí”, es el “Abominable Hombre de las Nieves”, simio querido, temido y respetado por los sherpas (que originariamente eran personas de las montañas en Nepal). Su historia cabalga entre mito y realidad, comencemos entonces conociendo el inicio del misterioso Yeti.

Mucho antes del siglo XIX, existían escrituras pre-budistas donde varios pueblos del Himalaya hablaban de una criatura de pelo largo y blanco. Con el tiempo, estas historias han terminado con el nombre del Yeti. Este nombre comenzó a sonar sobre la década de 1920, momento en el que un periodista indio entrevistó a un grupo de exploradores que regresaban del Everest, los cuales aseguraban que una misteriosa criatura habitaba en las altas montañas del Himalaya.

Fué entonces cerca del 1951, cuando en una expedición al Everest se tomaron una serie de fotografías que mostraban las huellas de un pie gigantesco sobre la nieve de la montaña. Esta criatura ha sido destacada en la mitología del Tibet y el Nepal y sus historias han sido transmitidas de generación en generación.

Pero la hipótesis de su existencia, fue refutada por la bióloga noruega especializada en genética y evolución de los úrsidos, Charlotte Lindqvist, quien ha desenmascarado la identidad real de este ser. Para llevar a cabo la investigación, se ofrecieron restos de dientes, pelo, huesos y piel de lo que parecía ser el “Abominable Hombre de las Nieves”. Gracias a este intenso trabajo, el equipo de la reconocida bióloga ha podido asegurar que los restos del Yeti pertenecen al oso pardo del Himalaya, al oso asiático y al tibetano.

Actualmente, el Yeti toma protagonismo en el festival Rimdu Mani, el festival más importante para la gente Sherpa, que tiene lugar cada otoño en el este de Nepal. Durante las danzas rituales, se cubren con máscaras que representan a diferentes divinidades, en la que uno de los monjes encarna la figura del Yeti.

Paloma Aguayo De la Chica

Nunca como ahora

Soy una jubilada. Nunca como ahora me había sentido tan libre y  tan vinculada a la vez.

La vorágine de la vida activa,  dedicación profesional,  responsabilidades  familiares con ascendientes y descendientes, pérdidas irreparables,  preocupaciones del día a día, no colaboran en  la pausa serena para la reflexión, el espacio físico y temporal para amueblar nuestra privacidad y percepción. La inmediatez lo delimita todo: sí o no, blanco o negro,  bueno o malo, verdad o mentira.

Sin eludir deberes,  los jubilados nos permitimos esa pausa e intentamos abrirnos  al quizás, al matiz del color, a la tolerancia, a escuchar o informarnos antes de juzgar.  

Y miramos con otros ojos la reciente historia y esta realidad que, para bien y para mal, contribuimos a edificar.

NUNCA COMO  AHORA…

…me sentí tan liberada de corsés ideológicos que, como los árboles, no permiten ver el bosque. De todo aquello que confronta y pretende borrar las miradas limpias hacia lo importante y alimenta la ceguera colectiva. Bandera  blanca.

…había volado como un “dron” que, desde la cercana altura, no la lejanía emocional, contempla hermosos paisajes, algunos maltratados; mares y tierras que albergan belleza, pero especialmente vidas fallidas o inmenso dolor.

…admiré  a mis  jubilados que luchan no sólo por su hoy, sino, generosamente, por el presente y futuro de los nuestros, a pesar de la fragilidad de su salud. Me enorgullecí de mi género, de sus luchadoras: jóvenes que se muestran por el hoy y el mañana y mayores que no quieren que se repita el pasado. Y me conmoví ante la crueldad con la  infancia herida.

… había valorado tanto el cuidado, el sacrificio, el gesto amable, el conocimiento, la investigación…de quienes nos regalan su trabajo para mejorar la vida; el pincel, el pentagrama, las palabras, la imagen,  el movimiento…creadores de belleza y sensibilidad.

…me indigné ante la codicia mezquina, el orgullo excluyente, la falsedad, la intolerancia,  la violencia emocional o física y la soberbia de la ignorancia atrevida. Aprecié la humildad de tanta gente y la futilidad de la  apariencia,  la solidaridad activa de personas anónimas  en favor de los más vulnerables.

…tocaron mi corazón sencillas actitudes, sencillas palabras, de personas sencillas, muy lejos de los falsos gurús o “coaches” vanidosos quienes, tras sus gafas de sol, nos imponen contradictorios “consejos”. Porque se percibe inmensa soledad en gente rodeada de gente, que anhela  la aprobación  superflua  o  necesita la consideración virtual.

NUNCA COMO  AHORA…

… había disfrutado al levantar la persiana cada mañana y reinventar mi día: tareas cotidianas, interés por la actualidad, aficiones y caminos aplazados. A ser posible sin reloj, sin más condición que mi cariño y responsabilidad   con la familia, las amistades y como ciudadana. Y la salud. Saboreo el afecto que recibo, el mensaje vivencial de cada arruga,  la privacidad y (¿por qué no?)  la golosa  pereza.  En el silencio, alguna lágrima por heridas aún abiertas, en recuerdo de los que perdí, a lo que renuncié, la deslealtad del barco que zarpó sin avisar, con su carga pirata,  o la culpa por el dolor que pude ocasionar.

Será la edad…

Sin embargo, hoy  me confieso  insatisfecha con mi “buenismo” global y cómodo, por no implicarme activamente en algunos de estos “nunca como ahora” y delegar esa labor en los demás. Antes no disponía de tiempo, hoy no tengo excusa.  

Espero  que seáis   benévolos con  este “totum revolutum” de reflexiones.

G.C.

NEPAL, más que indescriptibles montañas: esto es lo que deberías saber de este lugar…

Como sabemos, no somos los únicos que han probado la aventura de aterrizar en alguna ciudad de Nepal y es por eso que también queremos contarle al mundo vuestras bonitas experiencias.

Antonio Vélez fue la razón por la que un 24 de Julio de 2018 pisáramos Nepal. No tuve la suerte de conocerlo, al menos en vida, porque él y su amor a Nepal fue el motor de que su sobrina y yo ya estuviéramos a miles y miles de kilómetros de casa.

Y estando allí comprendimos las dos caras de la moneda, donde tenerlo todo o tener nada nunca había sido tan relativo.

Es el único país del mundo donde comparten el hinduismo y el budismo, sin entender de conflictos religiosos, su día a día lo entregan a sus creencias y rituales.

Viven rodeados de los paisajes y las montañas más extraordinarias, fascinantes, utópicas, inverosímiles que haya en La Tierra, pero, todo es un caos maravilloso donde los nepaleses se entienden, es otro mundo donde hay mucho que hacer, pero no se preocupan apenas de ello, disfrutan del momento y si no pueden comer hoy, lo harán mañana, y sonríen fácilmente en las situaciones más adversas, son acogedores, entregados y siempre dispuestos a dar un tradicional Namaste lleno de respeto.

Seguiremos compartiendo cosas que quizás no conozcáis de Nepal y de su maravillosa gente, pero no olvidéis que vosotros también formáis parte de nuestro viaje al corazón y esperamos que compartáis vuestras experiencias en aquellos lugares que no son lo que la mayoría de las personas creen y que no deben de ser olvidados.

Cathi Guardia Fernández

El maestro que soñaba con su infancia

Carlos Oriel Wynter Melo

Este cuento es parte de la colección inédita Literatura Olvidada, ganadora del Concurso de Literatura Octavio Méndez Pereira de la Universidad Nacional de Panamá . 

El maestro Yang Tzu soñaba con los lugares de su infancia. Por ello era conocido en el pueblo como el Niño. Se mantenía apartado de obligaciones mundanas y poco se le veía fuera de los templos y del bosque que rodeaba la aldea, bajo cuyos árboles solía meditar sentado en posición de loto por horas.

Xiao había fantaseado siempre con ser el amor del maestro. Siendo bella y astuta, llamó la atención de él mostrándose frágil y halagándolo. Tras breves pláticas, el maestro sintió agrado y enamoramiento. Consideró a Xiao la adecuada compañera para un asceta taoísta, como lo era él. Pidió su mano en cuanto pudo y comenzaron los preparativos para la unión.

La pareja pasó su primera noche en la cabaña del maestro, una casucha de troncos, limpia pero pequeña y pobre. En el corazón de Xiao nacieron la desilusión y un plan para mejorar la situación económica de su consorte. Pensó que un maestro como Yang Tzu no debía mantener una vida matrimonial tan miserable.

Apenas él despertó, Xiao, cariñosa, le pidió contarle el sueño que acababa de tener. Él lo hizo detalladamente, confiando en que la curiosidad de su esposa era honesta. Ella memorizó lo que le fue relatado y se dirigió al pueblo, donde frente a un grupo de parroquianos repitió la historia a cambio de monedas. Las personas gozaron de una sensación de inocencia y gracia que en pocas ocasiones habían experimentado. Le pidieron más sueños del Niño a Xiao y ella accedió a contarles uno cada mañana. Para ella, era signo de pereza que un hombre rehuyera trabajar para sostener a su familia. Soñar sería el trabajo de Yang Tzu.

Con las monedas en sus bolsillos, se dirigió a la cabaña y la encontró vacía; Yang Tzu se había marchado a meditar al bosque. Ella metió las monedas en un saquito y escondió la pequeña bolsa bajo su almohada. En ese justo momento, Yang Tzu regresó. Exclamó que se sentía como si hubiera cargado cincuenta cubetas de agua alrededor de la aldea, y ella sonrió porque daba por hecho que el trabajo físico y no la contemplación de la naturaleza era lo que todo hombre casado debía hacer. Se preparó para la siguiente mañana, cuando memorizaría otro sueño del maestro.

En el pueblo, el nuevo relato tuvo el mismo efecto que el anterior. Quienes lo escucharon se sintieron rejuvenecidos y alegres. Los vecinos agradecieron en abundancia y dócilmente le entregaron a Xiao las monedas que ella pidiera. Uno de los asistentes le solicitó respetuosamente algo más:

-Eres buena con nosotros al iluminarnos con los sueños del Niño, pero cuando te vas y sigue la cotidianidad de nuestros días perdemos la bocanada de aire fresco que nos diste. ¿Por qué no copias los sueños con una caligrafía que entendamos, para poder leerlos constantemente? Estoy seguro de que se te pagarían verdaderas fortunas por darnos semejante dádiva.

            Xiao creyó que era una magnífica idea. Calculó que acabaría con la riqueza suficiente para que ella y el maestro Yang Tzu no trabajasen nunca más. No sabía si era correcto que los sueños fueran pegados a objetos materiales como las telas sobre las que escribiría, pero decidió no preocuparse por ello.

            A la mañana siguiente, en cuanto Yang Tzu se despertó, ella volvió a pedirle que le contara lo que había soñado. Yang Tzu, quien se veía agotado, le dijo que ahora no recordaba sus sueños. Ella le pidió que se esforzara; pensó que no había peor muestra de holgazanería que evitar el pequeño vigor de recordar lo soñado.

            -Ya ni eso quiere hacer- se dijo.

            Yang Tzu aseguró que el camino de la maestría requería ser leve como el movimiento de las nubes, que solo así podían los sueños brotar como nacen las plantas de la tierra. Si el sueño no se queda en la superficie del agua, es que ya se lo llevó la corriente, aseguró.

Viendo Xiao entonces que su fortuna se esfumaba, se desesperó e ideó otro plan. Transcribiría los sueños de Yang Tzu que recordaba. Como algunas minucias se habían borrado de la memoria, llenó los espacios vacíos con lo que pudo recobrar de su propia infancia. Se sorprendió de lo pura y limpia que aquello la hizo sentir y, por un momento, se arrepintió de vender sus sueños. Pero se decidió, finalmente, por la riqueza prometida.

            A mitad de la mañana entregó los papeles. Un círculo de los más prósperos habitantes de la aldea se había formado alrededor suyo. Aunque recordaban algunos fragmentos de los escritos, porque Xiao los había leído en los días anteriores, se sintieron satisfechos con el regocijo que les dio la nueva lectura. Pagaron tanto a Xiao que ella se alejó siendo una mujer rica.

            Se apresuró a compartir la buena noticia con el maestro Yang Tzu, pero no lo encontró en la cabaña. No lo encontró tampoco en el bosque, ni en los templos. Cuando ya iba a desistir de la búsqueda, vió la figura desdibujada del asceta, a lo lejos. Al acercarse, se dio cuenta de que era un anciano con ropas similares a las de Yang Tzu.

-¿Qué has hecho, mujer? – dijo el viejo con sorpresiva familiaridad.

Quedó claro que el viejo era Yang Tzu, quien había envejecido prematuramente.

Ella se arrepintió de haber compartido los sueños y más de fijarlos en objetos materiales. Pero le pareció que sería un consuelo magnífico la riqueza adquirida. Podrían vivir en opulencia los años que les quedaran. Y fue entonces que se vio en el charco de agua al que se había acercado inadvertidamente. Recordó que entre los sueños de niñez del maestro había insertado los de la suya. El reflejo del agua le confirmó que ella también era una anciana, una anciana que reclamaba con ojos profundos haber olvidado cómo ser niña.

Desde el privilegio

EDUCACIÓN.  En mayúsculas, por el gran respeto que merece. Es la única y mejor oportunidad.

Hemos conocido o trabajado con peques, y no tan peques, de diferente procedencia, cultura, nivel social, capacidad, interés, estado emocional… Denominador común: la etiqueta que llevan en la mochila. La ha adherido nuestro mundo, que los cataloga y prejuzga. Hay etiquetas afortunadas. Otras muchas, no, porque damos por supuesto que son o van a ser de una determinada manera o  ya tienen  marcado su futuro, antes de haber empezado a vivir.

 Los miramos con el tamiz de nuestra vida privilegiada, sin dar opción a la idea de que la suya pueda transcurrir de otra forma distinta de la que, predeterminadamente, les hemos adjudicado. Y sentimos cierta incomodidad, lamentando la desdicha de quienes viven en el dolor, la explotación, la miseria… pero están lejos. Si están cerca, miramos de soslayo lo diferente o cuestionamos su mundo,  porque su perfil  no corresponde a nuestra mal entendida “normalidad”.

No somos insensibles al inevitable contraste de imágenes y noticias a las que tenemos acceso. Las de los que disponen de cuanto está a su alcance; las que reflejan grandes esfuerzos para subsistir en el mundo occidental; las de quienes buscan un lugar donde vivir, arriesgándolo todo; de quienes no tienen más que el bien preciado de la vida, en toda su dureza, y aún son capaces de brindar sonrisas.

 No somos insensibles, pero…

Pero justificamos el futuro de esa infancia  según el azar del lugar, de la familia y entorno donde ha nacido. Eso creemos. Y ahí nos quedamos.

Sería necesario cambiar la actitud, el chip de la “inevitable injusticia”. Debemos creer que el acceso a la EDUCACIÓN, desde la más sencilla y humilde, es la única posibilidad de dignificar su presente y su futuro, la gran oportunidad. Abrir mentes, potenciar capacidades, satisfacer inquietudes, facilitar miradas amplias, proteger derechos,… Aquí y allá.  Porque, también así,  dignificarán su mundo.  Ellos y, especialmente, ellas son de una vulnerabilidad extrema. Les queda tanto camino…

Se trata de “hacer”, aunque no siempre sabemos o  podemos. Pero en nuestras manos está  “pensar” sin etiquetas.

Gracias a las personas que lo hacen posible día a día, sin rendirse. Son muchas.

Y gracias a vuestra asociación. Lo tenéis muy claro.

Grandes pequeños granos de arena.

G.C.

JUSTICIA, por Irene de Haro.

Eres un ser humano. Naces en un lugar. Naces con un sexo. Con un color de piel. Tus padres pertenecen a un determinado status. Así, de partida, podemos aventurar una serie de líneas generales que presumiblemente marcarán el modo en que evolucionará tu vida. Es el “pack de bienvenida” que marcará toda tu existencia.

Vas creciendo sin una noción clara de este determinismo. Juegas como niño. Saltas como niño. Te pegas con otros niños, como niño que eres. Y ya está. Y así, un día te meten en la escuela y el sistema, va modelándote. Tú vas dando respuestas a los estímulos. Estudias unas cosas, aprendes otras. Sientes amor y miedo. Haces múltiples asociaciones mentales que te permiten mencionar tu mundo de un modo concreto, y no de otro. Y cuando quieres acordar, ahí estás tú. Lo que tú eres. Lo que tú has llegado a ser. Crees haberlo escogido, crees haber ido recorriendo etapas que te han conducido hasta allí. No te has sentido abocado, porque en tu imagen mental de lo que es la vida, de verdad crees que siquiera algo de lo que te ha sucedido ha sido decisión tuya, propia, intransferible a los demás.

En mi infancia, una de las preguntas más perturbadoras que yo más a menudo me hacía era: ¿y si yo hubiera nacido en otro sitio? ¿Y si yo hubiera sido hombre? ¿O negra? ¿Y si yo no hubiera tenido hermanos, o hubiera tenido cinco más? Y ahí mi película consistía en la creación mental de mundos paralelos donde yo era cada una de esas cosas. Pronto me di cuenta de qué opciones eran mejores. Y cuáles eran peores. Y había algunas que eran tan brutalmente aborrecibles, que dejé de jugar a este juego de identidades en el que salirse de un estrecho margen de características, comportaba no solo vivir peor, sino ser inferior.

Para terminar de generar mi comprensión de la casualidad que es nuestro modo de existir, cuando miraba la tele, mis ojos no daban crédito a la forma en que se desarrollaban algunas vidas. Porque yo presenciaba en lo remoto de mi casa cómo en Perú niños como yo habían muerto aplastados en un terremoto. O cómo en Etiopía, niños como yo, de mi misma edad, figuraban varios años menos, extenuados por una palabra que yo aún no sé qué significa: el hambre. Yo miraba con mucha fijeza, y preguntaba a mis mayores, que acuciados por mi propia angustia cambiaban de canal, mientras yo llegaba a mis propias conclusiones sobre la existencia de Dios, sobre qué valor tiene la vida y algunas cosillas más que omito.

También miraba figuras que llegaron a ser muy queridas para mí, porque yo las identificaba con el bien. Hombres y mujeres (los héroes que enhebraba en mi cabeza) que allí estaban. Arremangados. Haciendo “algo”.

Supongo que el modo en que está determinada nuestra vida desde nuestro nacimiento también nos dota en este mundo occidental de una progresiva ceguera. Creo que cuando éramos pequeños, veíamos mucho. Creo que los niños tienen muy claro lo que está bien y lo que está mal, y saben hacia dónde hay que ir para tender una mano. Creo que poco a poco nuestros ojos crean costra. Ni siquiera porque miremos hacia nosotros mismos. No miramos hacia ningún sitio. No miramos. No vemos. La nuestra es nuestra realidad. Y es ciega. Y se cierra en luces y sombras de plástico y tecnología. Millonarios en recursos y con el alma estragada.

Algunas cosas nos hacen regresar a la realidad . A la verdad y a la justicia. La labor de personas buenas y comprometidas, funciona como una gota de agua que quita la sed, pero más aún, funciona como una correa de transmisión que nos sitúa y nos muestra hacia dónde mirar en la oscuridad sorda de nuestro mundo hiperacolchado. Os propongo mirar hacia Nepal. Os propongo mirar en su montaña. Os propongo descubrir su gente humilde, su gente alegre y rota, esa gente que nació allí, con su sexo, con su color de piel, con su raza, y que en su pack de vida no encontró salvoconducto alguno para mejorar. Y os propongo, por qué no, que nos involucremos en esas existencias. Que aparezcamos en ese pack, y que en este juego de casualidades que se llama vida, no lo deis todo por hecho y os planteéis si queréis suavizar algunas miserias que nos quedan tan lejos y que intentamos no mirar porque nos horrorizan.

La Asociación Antonio Vélez lucha por prevenir el tráfico de niños y niñas, reducir la explotación laboral infantil y disminuir el analfabetismo.

Os invito a que no cerremos los ojos y consideremos qué podemos hacer desde vuestra afortunada vida por aquellos cuya fortuna fue tan diferente.

Irene De Haro

 

Feliz año nuevo por Silvia Solano

Y casi sin darnos cuenta otro año se nos va como un soplo de brisa fugaz…

Hacemos balance de las experiencias vividas…atrás quedan los momentos buenos y los que entre lágrimas nos hicieron más fuertes, las risas que provocaron dolor de barriga y las lágrimas que nos atravesaron el alma…los proyectos que se cumplieron y los que aún estamos por conseguir…los amigos que llegaron para quedarse y los que pasaron de largo dejándote alguna enseñanza…los recuerdos que guardaremos siempre en nuestra corazón junto a las personas que ya no están, los que no quisieron estar y los que no encontraron el camino para llegar…

Por delante queda la ilusión de un nuevo año, 365 días para soñar, para ir tras nuestros sueños, para vivir a pleno pulmón…

Aparecerán personas nuevas en tu camino que por alguna razón estaban destinadas a cruzarse, y como un árbol que pierde las hojas en otoño algunas irán cayendo mientras otras permanecerán para siempre..

Afronta cada día con ilusión y ponte tú mejor sonrisa…. no importa como de rota puedas estar por dentro, una sonrisa ilumina el mundo de los que te rodean y no hay mejor tarjeta de presentación…

Si tienes que reir, ríe con todas las ganas…si llueve abre el paraguas y pinta el día de colores…si hace frío busca un abrazo de los que calientan el alma….si tienes ganas de llorar hazlo, no pasa nada, no siempre las cosas serán como queremos y cada día será un nuevo reto …

Si tienes que arriesgar arriesga, no importa perder porque al final te irás tan desnudo como viniste … pero con un alma inmortal llena de momentos.

Si tienes que ayudar a alguien hazlo con todas tus ganas…. se compasivo, sé humilde, recuerda que muchos no tienen nada.

No guardes rencor porque eso te daña a ti más que a nadie y será un lastre demasiado pesado…. Intenta ser justo porque nadie está en poder absoluto de la verdad ,y pide perdón las veces que sea necesario.

Y lo más importante…..ve a por todas y nunca jamás te rindas…vinimos aquí a ser felices y nadie nos dijo que la vida sería fácil, pero es nuestra tarea luchar, amar, llorar, reír…..vivir intensamente para que al llegar al ocaso de tu vida y echar la vista atrás veas que a pesar de todo lo bueno y malo que te sucedió viviste y no solo sobreviviste….. Porque la vida es el mejor regalo que se nos da, no esperes a que sea tarde para darte cuenta que cada día que pasa no vuelve… igual que un reloj cuyas manijas van siempre hacia adelante.

Ponle pasión a la vida, ponle color y ponle ganas para que llegado el momento de partir digas

–guauu, no estuvo mal el viaje…

Que tu pasión por la vida sea, a pesar de todo, inquebrantable y el eco de tus carcajadas quede impreso en el universo como prueba etérea de que pasaste por aquí y viviste!!!

Feliz año nuevo ❤

Silvia Solano Ferrer

 

¿Es responsable la humanidad por el cambio climático en el planeta?

Hoy en día, el cambio climático es un problema bastante grave cuyas consecuencias son devastadoras. En cuanto a esta problemática hay bastante polémica entre científicos que estudian la materia, sin embargo los impactos ambientales son perceptibles, tales como:

  • Aumento de la temperatura global del planeta
  • Subida del nivel del mar
  • Progresivo deshielo de masas glaciares, tales como el Ártico

Fig 1: Mayores emisores de gases efecto invernadero. EC Joint Research Centre/PBL Netherlands Environmental Assessment Agency.

¿Y qué soluciones se plantean?

En la lucha contra los efectos del cambio climático, los científicos exploran diversas estrategias, entre ellas, un grupo de Harvard plantea realizar un experimento en 2019 para disminuir la cantidad de luz solar que entra a la Tierra. Este concepto lo pretenden realizar mediante un “escudo” de partículas protectoras en la atmósfera que haga rebotar la radiación solar de nuevo hacia el espacio, de manera que la incidencia en nuestro planeta Tierra sea mucho menor. Este interesante experimento tiene un nombre: “Experimento de perturbación estratosférica controlada” o SCoPEx.

SCoPEx se basa en la bioingeniería solar, que busca la manera de bloquear o desviar la luz del sola a nuestro planeta. Para ello, plantean lanzar un globo que se eleve unos 20 km de altura con una carga de carbonato de calcio, un compuesto muy común que se utiliza para elaborar productos tan diversos como cemento, cremas de dientes, pastillas para calmar la indigestión, etc. Una vez este globo esté en su lugar, esparcirá el polvo en la atmósfera para crear una “masa de aire perturbada” que protegería de cierta manera a nuestro planeta de la fuerte irradiación solar.

Sin embargo, dentro de la comunidad científica preveen que la bioingeniería solar podría alterar los patrones de lluvia, “ensombrecer” el planeta u otros impactos no deseados. Es por eso, que la mejor manera de combatir el cambio climático es la MITIGACIÓN según dice Robock a BBC Mundo. Por tanto…

¿Qué puedes aportar TÚ para prevenir los efectos del cambio climático?

Paloma Aguayo De La Chica